lunes, 31 de diciembre de 2012

Feliz 2013

Este año está a punto de acabar y no quería dejar de agradeceros a todos los que lo habéis compartido conmigo:
 
Vuestra amistad, vuestro cariño, que me hayáis hecho llorar, reir, soñar, pensar, trabajar, quereros cada día un poco más...
 
A los que se fueron de mi vida, agradecerles el tiempo que compartieron conmigo antes de irse y desearles lo mejor.
 
A los que habéis llegado a mi vida este año pediros que os quedéis mucho tiempo, es maravilloso compartirla  con vosotros.
 
A mi familia... os agradezco TODO porque sois TODO para mí.
 
OS DESEO A TODOS Y CADA UNO DE VOSOTROS LO MEJOR QUE SE PUEDE DESEAR, QUE EL 2013 VENGA CARGADO DE SALUD, DE AMOR, DE AMISTAD, DE SUEÑOS Y DE VIDA... Y QUE SEAIS MUY FELICES.
 
¡OS QUIERO!
 
 

martes, 4 de diciembre de 2012

Winter

Winter by Marta BA

Winter, a photo by Marta BA on Flickr.

Llegaron las primeras nieves

y algo cambió dentro de mí,

se helaron los sentimientos

y me olvidé de ti...


 

lunes, 26 de noviembre de 2012

Poemas que recuerdo

The stream by Marta BA
The stream, a photo by Marta BA on Flickr.

¡Cuántas veces lloramos las quejumbres
y qué pocas loamos nuestras gracias!
¡cuánta leña quemamos en las lumbres
de antiguas y pretéritas desgracias!

Por ello, disculparme tanto llanto;
sabed que si medroso al mundo lloro,
es sólo de reproche, o de lamento,
de no dejarme en paz lo que yo adoro.
(Elena Sáinz) 

Autom

Autom by Marta BA
Autom, a photo by Marta BA on Flickr.
 
Te recuerdo como eras en el último otoño.
Eras la boina gris y el corazón en calma.
En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo
Y las hojas caían en el agua de tu alma.
Apegada a mis brazos como una enredadera.
las hojas recogían tu voz lenta y en calma.
Hoguera de estupor en que mi sed ardía.
Dulce jacinto azul torcido sobre mi alma.
Siento viajar tus ojos y es distante el otoño:
boina gris, voz de pájaro y corazón de casa
hacia donde emigraban mis profundos anhelos
y caían mis besos alegres como brasas.
Cielo desde un navío. Campo desde los cerros.
Tu recuerdo es de luz, de humo, de estanque en calma!
Más allá de tus ojos ardían los crepúsculos.
Hojas secas de otoño giraban en tu alma.
(Pablo Neruda "Poema 6")

sábado, 17 de noviembre de 2012

Una ventana al infinito

Una ventana al infinito by Marta BA
Una ventana al infinito, a photo by Marta BA on Flickr.

"Es mejor viajar lleno de esperanza que llegar."

(Proverbio japonés)

martes, 23 de octubre de 2012

Otoño

Otoño by Marta BA
Otoño, a photo by Marta BA on Flickr.

El camino

El camino by Marta BA
El camino, a photo by Marta BA on Flickr.

Al fondo de los viñedos: San Vicente de la Sonsierra, al otro lado del Río Ebro

Briones

Briones by Marta BA
Briones, a photo by Marta BA on Flickr.

"Briones conserva el nombre de los antiguos Berones, pueblo celta que poseía este país cuando los romanos conquistaron España"

domingo, 21 de octubre de 2012

The other side

The other side by Marta BA
The other side, a photo by Marta BA on Flickr.

"Sólo cerrando las puertas detrás de uno se abren ventanas hacia el porvenir." (Françoise Sagan)

Silos

Silos by Marta BA
Silos, a photo by Marta BA on Flickr.

"El hombre nunca mira al cielo porque siempre lo tiene a la vista" (Jean de Monet)

sábado, 20 de octubre de 2012

La vendimia

La vendimia by Marta BA
La vendimia, a photo by Marta BA on Flickr.

Peñaranda en otoño

Peñaranda en otoño by Marta BA
Peñaranda en otoño, a photo by Marta BA on Flickr.

"No pido otra cosa: el cielo sobre mí y el camino bajo mis pies" (Robert L. Stevenson)

Sunset

Sunset by Marta BA
Sunset, a photo by Marta BA on Flickr.

"Cuando el sol se eclipsa para desaparecer, se ve mejor su grandeza" (Séneca)

domingo, 23 de septiembre de 2012

¡¡GRACIAS

POR ESTAS 1000 VISITAS!!

 

Sin razones razonables - Primera Parte -

- Estas cosas siempre pasan con razón o sin razón pero pasan... - elucubraba en silencio mientras intentaba entender todo lo que había pasado esas últimas semanas.

Llevaba días con una fuerte migraña, desenmarañando ese dolor tan agudo que le oprimía el pecho y quebraba el cerebro.

No entendía, no podía entender por qué el resultado siempre era el mismo, por qué todo acababa de la misma manera, como si un malicioso juego del destino le estuviera mareando una y otra vez.

- Las cosas no pueden ser tan perfectas y acabar de esta manera - pensaba mientras encendía un cigarro.

Esa tarde el frío era insoportable, e intentaba calentar sus manos dentro de unos gruesos guantes de lana. La simple idea de regresar a casa le daba escalofríos, y paseaba sin rumbo por las mojadas calles de Madrid.

Al llegar a Atocha  pensó en coger el primer tren, a dónde fuese, cualquier destino sería bueno, cualquiera que le alejase de allí, tal vez así las cosas cambiarían, empezaría de cero como cuando llegó a esta ciudad.

De nuevo la idea le atormentaba, sería otra vez lo mismo - estás cosas siempre pasan- se repetía una y otra vez, apurando las últimas caladas de su cigarro.

La vida a veces es incomprensible, mucha veces cruel, y la soledad se viste de luto los días de lluvia.

Intentaba encontrar algo de lucidez entre la maraña de recuerdos del último verano. Allí estaba ella, radiante, sentada en aquella terraza al lado del mar, dejando que la brisa peinara su frente, mientras leía un libro, sin más ganas que exprimir cada segundo de sol que le quedaba a esa tarde.

Él la observaba tras sus gafas, era tan evidente que la miraba mientras ella fingía posturas cada vez más tentadoras para él.

Finalmente, decidido se acercó a su mesa, no había rechazo posible, él lo sabía, sabía de la química y la atracción que había surgido entre ellos.

En apenas unas horas se habían contado media vida como si supieran que el destino está a la vuelta de la esquina y los segundos se van comiendo las horas a una velocidad de vértigo.

-¡Qué frío!- y un escalofrío recorrió su espalda dejándole paralizado en medio de la calle.

Rozaban las diez y la lluvia empezaba a calarle los pantalones, no sabía dónde ir, si acaso a ese bar de mala muerte que hacía esquina.

Acostumbraba a beber demasiado, aunque para él siempre demasiado era poco, y a comer poco, de ahí esa delgadez que dejaba entrever las costillas tras la camiseta.

Esa noche ni el ron, ni el bullicio del bar, ni el tabaco calmaban su ansiedad.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Letras pasadas

Descubro que el amor se me escapa entre los dedos,

que mi alma rota por tu inconsciencia

me desgarra las entrañas del recuerdo.

Te creí, bebí tus palabras, tus caricias, tus besos,

recreando un futuro contigo,

enalteciendo esa esencia que éramos tú y yo,

ese espejo paralelo que se cruza y tu no entiendes.

Tu quisiste traspasar la puerta,

beber el amor que te ofrecí para escupirlo al tiempo

como si fuera el veneno que condenaba tu vida.

Yo te quise,

libre o con cadenas de otras manos,

pero te quise...

Cerré los ojos tan fuerte

para soñarte un mundo perfecto

que no vi la fortaleza  donde atrapaste mi ilusión.

Perdida, busqué mil formas  de trepar hasta tu cuerpo

con intención de abrazar tu alma,

y encontré solo la piel y ese deseo que nos llevaba

a la intersección perfecta,

de tu cuerpo y el mío...

pero mi alma se iba rompiendo

con cada beso que negabas haberme ofrecido.

Tal vez formaba parte del sueño...

Ahora me toca recomponer

los pasos que anduve hacia atrás buscándote,

para no mirarte de frente

y tropezar contigo

en la misma ruina de tu miedo,

tu soberbia y ese orgullo

de narciso enaltecido.



viernes, 14 de septiembre de 2012

Ausencias

Las sombras se prolongan y serpentean tras mi espalda, colándose por las rendijas de mi aguijoneado corazón. Hacen cruces que imploran perdones y se retuercen trazando formas imposibles y aterradoras.
 
Desde que te fuiste, no han vuelto a emocionarme las puestas de sol, ni el rumor del mar me estremece con su roce entre las rocas.

Un algo, que ya ni entiendo, arrancó las mil razones que a todo daban sentido.
 
Nunca fue fácil amarte, nunca se aprende a amar a quien no quiere que le amen...
 
Las sombras se expanden y siento las frías manos de la desolación acariciándome el rostro sin compasión.
 
Nada llena este vacío de no amarte, de quererte tan lejos, de echarte de mi mente sin tenerte.

A veces, con la luz del día se disipan las sombras, y simulo una alegría adormecida que apenas me deja pensar.

Las sombras de la noche son las peores, me acechan, se tornan pesadillas si cierro los ojos e intento evadirlas.

Hace lustros que no sueño, y si sueño lo hago despierta, evocando emociones pasadas y regodeándome en ellas.

Las sombras me rodean, me astillan el alma con el paso de un tiempo interminable.



 

jueves, 9 de agosto de 2012

LA LIBERTAD DE ESCRIBIR de Carlos Pujol

Cada uno es libre de escribir lo que quiere, cuando quiere y como puede... Yo no voy a dejar que la "censura", crítica y opinión de otros vuelva a hacerme sentir mal y por ello deje de escribir una vez más... Si alguien se siente aludido por algo de los escritos, tiene varias opciones: no leerlo, no sentirse protagonista o tomárselo con orgullo. No todo lo que se escribe es real y por supuesto nunca será todo ficción... cuando escriba lo haré partiendo de mis vivencias, de lo que he visto o lo que he imaginado. TODO tiene varios puntos de vista, lo que yo escriba será el mio combinando realidad, ficción y lo que se me ocurra.
Gracias a los que lo leáis, os guste o no... No pretendo más que escribir... (Marta)


LA LIBERTAD DE ESCRIBIR

Carlos Pujol
A nadie le gusta la censura, y los que no nacimos ayer recordamos una multitud de anécdotas tragicómicas vividas en España no hace demasiado tiempo; pero es indiscutible que la gran literatura de todos los siglos se ha hecho en medio de una fuerte coacción social: Virgilio, Cervantes, Shakespeare, Baudelaire o Dostoievski escribían bajo la vigilancia de unas autoridades quisquillosas y severas, y además para un público timorato y lleno de prejuicios.


Así es, la libertad mantiene extrañas relaciones con la literatura; a menudo se escribe a la sombra de una causa, se depende de las consignas de un periódico o de un patrón, o las circunstancias históricas hacen imposible la ecuanimidad y el privilegio de poder decir lo que se quiere como se quiere. Si sólo aceptáramos escribir en estado arcádico de absoluta independencia las letras humanas hubiesen sido un interminable silencio.


En buena parte uno escribe como le dejan o se dedica a otros menesteres no tan comprometidos, pues todos sabemos que por la boca muere el pez, y a veces lo de morir no es una metáfora; siempre es deseable mayor libertad –aunque los que mandan no opinan así–, pero hay que manejarse con la que se dispone, y sobre todo, ya que la de fuera es difícil de ensanchar, extender al máximo la de dentro.

Ser libre asusta, nos deja solos con nosotros mismos, y tienta la sumisión, como depender del éxito –vendo, luego existo– o, más grave aún, estar a merced del qué dirán, aunque no signifique más que palabras. ¿Compran o no compran, gusta o no gusta a los que al parecer entienden? Éste ya es un oficio que se las trae, sólo falta tener que desempeñarlo con encogimiento y servilismo. No hay que escribir para ser alguien, si no se es alguien, mejor que no se escriba.
Claro que somos humanos, que nadie vive el aire y que es mucho pedir una impasibilidad estoica o de sabio oriental; pero conviene recordar que la desaprobación o indiferencia de los demás no aniquila, como su entusiasmo tampoco mejora en nada lo que hemos hecho. El que escribe echándole un poco de humor acepta su elegido papel solitario con dudas, que son su aguijón y su agridulce compañía, inseparable de cada página. Entonces escribir puede ser un acto de libertad.

sábado, 4 de agosto de 2012

Nueva versión de La verdadera e increíble historia de Catalina - Parte I


-I-

     Catalina estaba hecha a medias, entre dos polos enfrentados. Por cualquiera de los poros de su piel o de su intelecto se respiraba esta insostenible dualidad. Siempre creyó ser mártir o divina, monja o libertina, intelectual o artista, aritméticamente perfecta o matemáticamente imprecisa, heterosexual o lesbiana, siempre en la derecha y acérrima izquierdista... Así era la pequeña Catalina.

     Catalina aprendió a llorar ya adolescente, de niña era siempre una sonrisa, todos pensaban que era un milagro, la retrataban como si fuera una muñeca, decoraba cada rincón de la casa y la llenaba con sus gracias y monerías.


     Virtuosa economista siempre odió su profesión, a la pobre la obligarón a estudiar pero ella iba para monja, mártir o misionera. Ya ahí se quebró su camino, entre dudas y mareas. Ella quería escribir y ser bohemía y la transformaron en niña pija, consentida y extremadamente moderna. Cuando tuvo derecho al voto, se sintió orgullosa al fin, pensaba en ser de izquierdas pero su madre le preparaba las papeletas, la metió en la juventudes, la enchufó en una empresa del Estado y la promocionó entre su círculo de amistades más elitistas de Madrid.

     Tras su aparente fachada de perfección y felicidad, Catalina lloraba cada noche, se encerraba en su habitación decorada con los bocetos de sus sueños más ocultos, llenando los espacios con su colección de música de melómana empedernida.

     Empezó a rebelarse cuando dejó a su novio, ese chico, alto, guapo ¡perfecto! que su madre con tanto ahinco buscó para ella, ese que la dejaba plantada y la corneaba cada fin de semana en su propia cara. Se buscó a un guapo francés, con la esperanza oculta de que la sacara de su casa y la llevara muy lejos. Ella lo reconocía, no le aguantaba, pero necesitaba aparentar una ídilica cordialidad para conseguir su objetivo, alejarse de todo y vivir tal como ella siempre había soñado. El pobre francés venía de una familia humilde, sin apenas recursos... y en casa de Catalina no era bien visto, aunque le aceptaban en las cenas de Navidad, ya que el proyecto de Catalina se alargaba en el tiempo por su falta de valor y ese no saber hacer las cosas sola.

    Pero el catastrófico día llegó, Catalina lloró en público y se empañó la armonía de su hogar, ya no era pefecta, ni era tan idílica, lloró por desamor y empezó su larga andadura, y la dura lucha entre su fachada y su verdadero yo.
     La vida se hacía monótona y Catalina decidió buscar nuevas experiencias. Y es aquí dónde comienza la verdadera e increble historia de Catalina.