sábado, 4 de agosto de 2012

Nueva versión de La verdadera e increíble historia de Catalina - Parte I


-I-

     Catalina estaba hecha a medias, entre dos polos enfrentados. Por cualquiera de los poros de su piel o de su intelecto se respiraba esta insostenible dualidad. Siempre creyó ser mártir o divina, monja o libertina, intelectual o artista, aritméticamente perfecta o matemáticamente imprecisa, heterosexual o lesbiana, siempre en la derecha y acérrima izquierdista... Así era la pequeña Catalina.

     Catalina aprendió a llorar ya adolescente, de niña era siempre una sonrisa, todos pensaban que era un milagro, la retrataban como si fuera una muñeca, decoraba cada rincón de la casa y la llenaba con sus gracias y monerías.


     Virtuosa economista siempre odió su profesión, a la pobre la obligarón a estudiar pero ella iba para monja, mártir o misionera. Ya ahí se quebró su camino, entre dudas y mareas. Ella quería escribir y ser bohemía y la transformaron en niña pija, consentida y extremadamente moderna. Cuando tuvo derecho al voto, se sintió orgullosa al fin, pensaba en ser de izquierdas pero su madre le preparaba las papeletas, la metió en la juventudes, la enchufó en una empresa del Estado y la promocionó entre su círculo de amistades más elitistas de Madrid.

     Tras su aparente fachada de perfección y felicidad, Catalina lloraba cada noche, se encerraba en su habitación decorada con los bocetos de sus sueños más ocultos, llenando los espacios con su colección de música de melómana empedernida.

     Empezó a rebelarse cuando dejó a su novio, ese chico, alto, guapo ¡perfecto! que su madre con tanto ahinco buscó para ella, ese que la dejaba plantada y la corneaba cada fin de semana en su propia cara. Se buscó a un guapo francés, con la esperanza oculta de que la sacara de su casa y la llevara muy lejos. Ella lo reconocía, no le aguantaba, pero necesitaba aparentar una ídilica cordialidad para conseguir su objetivo, alejarse de todo y vivir tal como ella siempre había soñado. El pobre francés venía de una familia humilde, sin apenas recursos... y en casa de Catalina no era bien visto, aunque le aceptaban en las cenas de Navidad, ya que el proyecto de Catalina se alargaba en el tiempo por su falta de valor y ese no saber hacer las cosas sola.

    Pero el catastrófico día llegó, Catalina lloró en público y se empañó la armonía de su hogar, ya no era pefecta, ni era tan idílica, lloró por desamor y empezó su larga andadura, y la dura lucha entre su fachada y su verdadero yo.
     La vida se hacía monótona y Catalina decidió buscar nuevas experiencias. Y es aquí dónde comienza la verdadera e increble historia de Catalina.